.
Balança exata
Um mar semelhante a uma lua dupla de armazém se interpôs no caminho. Um punho levanta a formosa jóia: um coração pequeno cheio de tatuagens e com algumas gotas de sangue ainda em alguns lugares. Entre as tatuagens se sobressai a de um belo rosto de mulher que não se aquieta um instante; sorri ou chora, leva um dedo aos lábios para impor silêncio ou fecha os olhos para deixar atravessar bonitos sonhos que transparecem através das pálpebras. No outro extremo da lua, um barco atravessa lentamente o horizonte à velocidade reduzida da formiga projetada à distância. No meio da embarcação, uma guilhotina está de pé.
Ninguém mais ocupa o barco que dois carneiros balem desesperadamente nas extremidades. Parecem a imagem do amor ou da vida que chega ao seu fim. Em instantes, detrás da guilhotina, um súbito resplendor ilumina a cena, o mar infinito. Vêem-se, então, umas pequenas gotas de sangue na navalha da guilhotina e acima dela um letreiro que diz: duas aranhas entrelaçadas.
Quando a escuridão é completa, o barco permanece visível, iluminado pela luz rosa de um refletor de teatro. Lá sob o barco aparece a bela mulher que abriu caminho fugindo célere de seus cabelos como de um potro indomável e que tem quase a metade de seu corpo coberto de escamas furta-cor e a outra metade de estrelas-do-mar e sobre cada um dos seios um imenso rubi do tamanho da cabeça de uma pomba. Os olhos são os que mais chamam a atenção; são pequenos espelhos circulares. Sabe-se que são espelhos, entretanto, ao se mirar neles, vê-se uma paisagem distinta segundo a hora ou a pessoa. Se é uma menina de dez anos que se aproxima, descobrirá uma pradaria verde na qual imensas fontes vermelhas brotam por toda parte, e a menina baixará os olhos como se a tivessem violado. Entretanto, o ancião tem outras probabilidades: um rio enroscando-se ao redor de um pinheiro gigante e estrangulando-o lenta e prazerosamente. Acaso duas pessoas assomam ao mesmo tempo aos olhos: em um tem lugar um assassinato, no outro um homem e uma mulher sobem ao tálamo nupcial.
Emilio Adolfo Westphalen
Tradução: Priscila Manhães
.
.
Balanza exacta
Un mar parecido a una luna doble de almacén se ha interpuesto en el camino. Un puño levanta la hermosa joya: un corazón pequeño lleno de tatuajes y con algunas gotas de sangre todavía en algunos sitios. Entre los tatuajes sobresale el de un hermoso rostro de mujer que no se está quieto un instante; sonríe o llora, se lleva un dedo a los labios para imponer silencio o cierra los ojos para dejar pasar hermosos sueños que se transparentan a través de los párpados. Al otro extremo de la luna, una barca atraviesa lentamente el horizonte a la velocidad reducida de la hormiga proyectada a la distancia. En medio de la embarcación, una guillotina se tiene de pie.
Nadie más ocupa el bote que dos carneros que a los extremos balan desesperadamente. Parecen la imagen del amor o de la vida que llega a su término. A instantes, detrás de la guillotina, un resplandor súbito ilumina la escena, el mar infinito. Se ven, entonces, unas pequeñas gotas de sangre en la cuchilla de la guillotina y encima de ella un letrero que dice: dos arañas entrelazadas.
Cuando la oscuridad es completa, siempre queda la barca visible, iluminada por la luz rosa de un reflector de teatro. Allí de debajo la barca aparece la hermosa mujer que se ha abierto camino jalando de sus cabellos como de un potro indomable y que tiene casi la mitad de su cuerpo cubierto de escamas tornasoladas y la otra mitad de estrellas de mar y sobre cada uno de los senos un inmenso rubí del tamaño de una cabeza de paloma. Los ojos son los que más llaman la atención; son pequeños espejos circulares. Uno sabe que son espejos, sin embargo, al mirarse en ellos, ve un paisaje distinto según la hora o la persona. Si es una niña de diez años quien se acerca, descubrirá una pradera verde en la cual inmensos surtidores rojos brotan por todas partes, y la niña bajará los ojos como si la hubieran violado. En cambio, el anciano tiene otras probabilidades: un río enroscándose alrededor de un pino gigante y estrangulándolo lenta y gozosamente. Acaso dos personas se asoman al mismo tiempo a los ojos: en uno tiene lugar un asesinato, en otro suben al tálamo nupcial un hombre y una mujer.










